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Entre navidades, basura y bananos

Yeray López
Entre navidades, basura y bananos
Fotografías


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Entre navidades, basura y bananos


Yeray López
Entre navidades, basura y bananos
Fotografías

En el municipio de Tirrases, a escasos diez kilómetros de la capital de Costa Rica, San José, se encontraba el relleno sanitario a cielo abierto más grande de Centroamérica, el botadero de Rio Azul. El pueblo mismo se conforma sobre lomas que en un pasado fueron basura. Antes de que FEDEMUR, la por entonces gestora, llegara a Rio Azul, entre trescientas y cuatrocientas personas recogían basura para subsistir. No había orden ni seguridad y la gestión de los beneficios de la recogida y reciclaje de los desechos eran gestionados por mafias locales. Fue en esta época en la que estas personas adquirieron el nombre de buzos y la mala fama de borrachos, ladrones y delincuentes. En Julio del 2000, el Ministerio de Salud, por la imposibilidad de manejar el botadero y ante la presión de los residentes Tirrases, le cedió la administración del botadero a la Federación Municipal Regional del Este (FEDEMUR). Fedemur estableció horarios y vigilancia para que representantes de las familias que así lo pidieran accedieran al vertedero, dando a los recicladores y su trabajo un reconocimiento y una dignidad que antes no tenían.

Tras un desprendimiento que afectó a una escuela cercana el ayuntamiento de San José decidió cerrar el botadero. Se acercaban las navidades y los recicladores se organizaron para tratar de impedir este cierre y con él la pérdida de sus empleos.

Muchas de estas personas llevaban más de veinte años recogiendo basura en Rio Azul. Algunos se especializaban en la recogida del plástico, de la ropa o del chatarra provenientes de las provincias y ciudades cercanas. No es un trabajo exento de peligros y enfermedades derivadas de la continua exposición a los tóxicos de la basura y su descomposición. La prevalencia de enfermedades respiratorias y cancerígenas en este grupo de población es considerablemente más alta que en el resto, la frecuencia de accidentes tampoco se queda atrás. Aun con todo, no hubo una persona con la que hablase que no defendiera su trabajo y quisiera continuarlo. Muchos venias de los cafetales que, por lo que me decían, eran mucho más duros.

Lo último que sé, gracias a Felipe Calvo, es que después del cierre muchos recicladores volvieron a las plantaciones, tanto bananeras como de café. Luzmilda recibió algún dinero para formar un taller de costura en Tirrases, pero no se si llegó a realizarse.

Costa Rica es el segundo país en producción de banano, pero no siempre fue así. Por su situación geográfica el puerto de la ciudad de Limón, en su costa caribeña, siempre fue clave para el comercio centroamericano, por lo que se decidió establecer una conexión ferroviaria entre esta ciudad y territorios situados más al norte. Los bananos, simplemente, se plantaron al margen de las vías para alimentar a los trabajadores, pero pronto, junto con el café, pasaron a ser una actividad económica de gran importancia. Desde los años treinta el monopolio de la explotación bananera lo ejerció una empresa americana llamada United Fuit Company. Una de las condiciones firmadas en los años cincuenta con el gobierno costarricense, para continuar con el usufructo de las tierras durante treinta años más, fue desarrollar una red ferroviaria nacional que sería devuelta al pueblo, tras este plazo, en condiciones adecuadas de uso. El contrato fue incumplido y las vías no fueron, y no han sido desde entonces, de ningún uso. Tampoco las tierras, que quedaron envenenadas por los pesticidas o las instalaciones, abandonadas y/o destruidas, hicieron posible que los "ticos", como se llama a los costarricense, pudieran continuar el cultivo del banano por cuenta propia. Una novela de Carlos Luis Fallas, "Mamita Yunai", describe muy bien las condiciones esclavas de trabajo en estas plantaciones bananeras. Ahora los modos de trabajo han mejorado algo, pero siguen siendo durísimos y las plantaciones, también, siguen estando en manos extranjeras, muchas de ellas europeas.

Las fotografías expuestas se tomaron durante las navidades del 2006, cerca del puerto de Limón. Todas las bananeras fotografiadas, porque me consta que hay otras más expuestas y cuidadas para el turista, están situadas en la selva. Esta inaccesibilidad hace que haya círculos "curiosos" de consumo y movimiento de personas. Prácticamente todo lo ganado por el trabajador se gasta en tiendas de la compañía en la propia bananera y, salvo algún viaje a Limón, casi todo el tiempo libre se pasa en el cuadrante, donde los trabajadores reciben una casa por el tiempo que duren sus servicios.

La enseñanza en Costa Rica es pública y gratuita aunque, por localización, no siempre es fácil encontrar una escuela en la selva cerca de las empacadoras y, dado que los trabajadores se mueven de plantación en plantación, mantener la escolaridad de los hijos es difícil. Aun con todo, la presencia de una empacadora bananera siempre es un punto de estabilidad para las comunidades vecinas y esta escuela recibía alumnos de varias aldeas cercanas.



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